Madres Culposas

No saben el mal humor que me causa cuando las distintas generaciones de madres se pelean por decir quién lo ha hecho mejor. Y es tan común oír este tipo de frases. Mi abuelita decía que pura mano dura: “mucho hijo, poca plata…”, lo mejor era pegarles y retarlos para que se portaran bien; mi mamá necesitaba ser la súper mamá de los 80… Con trabajo, crianza y casa impecable; y yo, de la generación de las madres culposas.

¿Les parece conocido? De la generación de aquellas madres que trabajamos muchas horas a la semana y que nos queda poco tiempo. De esas que leemos acerca de apego, crianza amable y lactancia. De las que queremos hacer deporte, y se hace lo que se puede. De esa que tenemos amigas que mutuamente nos tenemos en el abandono por falta de tiempo y, el marido que, básicamente, está en la misma que una.

Pero no sólo de apego, crianza respetuosa y lactancia sabemos, también conocemos de cerca la llamada “culpa”. La palmamos y convivimos con ella cuando se enferma un hijo y debemos partir al trabajo, cuando olvidamos la fecha importante del colegio de puro cansada o cuando se nos hace imposible llevarlos al cumple del amigo porque teníamos turno. Y la verdad es que nadie nos enseñó a ser madres, pero tampoco nadie nos enseñó a tener culpa. Ésa la aprendimos solitas.

Culpa por dejarlos. Culpa por salir. Culpa de tener pocas horas. Pocas vacaciones. Pocos días libres. Culpa si no tienes leche para el recién nacido. Culpa si tienes y no puedes darle. Y de la mano de todos esos sentimientos de culpa es que se hace presente “la mala-crianza”. O por lo menos pareciera que es  más difícil evitarla. Quizás como una forma de aliviarla.

Cuántas veces he escuchado decir: “Cómo lo voy a retar si no lo veo nunca”, “Los acuesto tarde, porque si no, no los veo” o “La única forma de regalonearlos es con dulces, bebidas y golosinas”. Y claro mirado desde ese punto de vista uno tiende a justificarse adecuada o inadecuadamente. Es ahí cuando se me aparece como siempre el fantasma de mi madre “no va en la cantidad, sí en la calidad”, “no porque uno los rete para educarlos no los quiere”, y podría seguir con una y otra frase que claro que tienen sentido, aunque no disminuyan la culpa.

Las madres culposas somos quizás tan humanas como culpables. Pero la idea es que desde siempre nos vean los hijos como lo que somos: sus madres y formadoras, sus raíces firmes y concretas, como los árboles. ¿Han visto las raíces de los árboles?
Son parte de ellos: los sujetan, los guían y jamás se separan.MINI LOGO

Comentarios

Comentarios cerrados.