MIRANDO LA ADOLESCENCIA

¿Cómo podemos asegurar que pasada la adorada infancia nuestros ex niños pasarán por un período complicado para ellos y para su entorno? ¿Cómo podemos asegurar que hay algo en este crecimiento que generará conflictos y dificultades con los padres?  Cualquier persona podría asegurar “no podemos asegurarlo” entonces, yo pregunto ¿por qué los rotulamos como “adolescentes”? Hago un llamado fuerte a cortar las amarras de nuestros ex niños, a sacarles el sufrimiento de ser llamados sufrientes y a ser llamados por su nombre o cambiarles por un rotulo bello, impetuoso, libre, fresco, así como lo es la mal llamada “adolescencia”.

Adolescente

 Cuando nuestros niños crecen comienzan a cambiar, su cuerpo se hace más grande y su voz más fuerte. Su pensamiento se amplía, son capaces de manejar conceptos que antes no dimensionaban y nos sorprenden con sus reflexiones, creaciones y verbalizaciones. Nuestros hijos adquieren nuevas habilidades, mas no borran las anteriores, nuestros hijos cambian poco a poco físicamente pero siguen manteniendo el cuerpo de la infancia. ¿Por qué digo esto? Porque creemos que el “adolescente” aparece ante nosotros con nuevas problemáticas, nuevos conflictos,  nuevas formas de descontento… lamentablemente esto no es así. Digo lamentable, porque es más fácil curar heridas recientes, que curar heridas profundas que acompañan por tiempo: El adolescente “rebelde” que no quiere “hacer caso” es el mismo pequeño de 5 que cuando no quería “hacer caso” lo mandabas a la pieza o le tirabas el pelo. Es el mismo pequeño al que sacaste de tu cama porque querías “dormir bien” cuando él quería hacerte cariño” y sentirte “cerca” el mismo que ahora te pide que no lo toques, que no te metas a su pieza y que no le hagas cariño. La queja del adolescente es la misma queja que tu pequeño de 4 no se atrevía a darte.

Cuando los niños se convierten en jóvenes heredan ciertos miedos, inseguridades y patrones de interacción de la infancia. Muchas veces sus reclamos, si lo pensamos y recordamos bien, son los mismos que tenían en la infancia. Sólo que ahora los escuchamos porque nos hablan a nuestra altura.

Esta línea de pensamiento nos ayudará entonces a llevar otra relación con nuestros “adolescentes” de ver también que el adolecer es también nuestro, que adolecemos de nuestra incapacidad de haber contenido a ese niño que hoy se rebela.padre hablando con hijo adolescente

Podemos entonces ser más conscientes, más precavidos, menos castigadores y más escuchadores activos de los miedos y quejas de nuestros niños. Podemos propiciar una adolescencia feliz, si procuramos ser respetuosos con nuestros niños y entender que el respeto que ellos nos tienen debemos ganárnoslo y que no viene por añadidura a una biología materna o paterna.

Dejo abierto el cuestionamiento, he observado que cuando ha existido una crianza respetuosa, nuestros niños en este proceso de crecer, buscan a los padres y figuras de apego temprana para acompañarles en estos cambios y aprehensiones propias de la edad en vez de encerrarse en su pieza o en sus computadoras. Estamos a tiempo de pensar ¿Qué queremos para nuestros niños en el futuro?

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@terapiadejuego

 

 

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