ACTUAR DESDE TU SABER INTERNO

Leslie PowerSubí a las redes sociales una foto haciendo dormir a mi cuarta hija, Clara Luna. Personas de por ahí y de por allá (entiéndase: inbox, muro, mails, Twitter y también en la consulta) me han preguntado cómo es la mejor manera de hacer dormir a un hijo recién nacido o chiquitito. Mi respuesta es: “No tengo idea como tu bebé concilia mejor el sueño”. Con todos mis hijos ha sido distinto, cada uno ha requerido distintos tipos de acercamientos y compañías. A la Princesa de Pelo Largo, recuerdo que le gustaba dormirse pegada a mí en una cunita tipo canasta. A mi José, había que mecerlo mucho rato y además prefería dormir sobre mí, ni imaginan el llanto al intentar dejarlo en la cuna. No fue nada de fácil criar a dos niños tan chiquitos juntos (se llevan por sólo 2 años de diferencia). Luego de 9 años vino mi pollito, Julián. Con él aplicamos “cuna colecho” los dos primeros años y luego hasta los tres años y un poco más durmió en nuestra cama. Julián de muy chiquitito se tocaba la oreja como señal de sueño, de más grande bastaba con que me tendiera en nuestra cama y él iba trepándome, girando hasta que se dormía. Un día se fue a su cama. A veces, generalmente cuando no tiene sueño, pide compañía, pero cuando está rendido no nos damos ni cuenta cuando  ya ha  caído en un sueño profundo. Mi Clara, se duerme de varias formas, depende de lo que ella quiera o de la situación en la que nos encontremos. Si andamos por ahí y ella va en su mochila de porteo y le dio sueño… se durmió. Si estoy leyendo o facebookeando, me tiendo en la cama y ella descansa apoyada en mí. A veces la balanceo en mis brazos.

crianza con apego

Es resumen, cada uno de mis hijos ha sido distinto. Y cada uno de mis hijos ha ido variando sus necesidades y deseos según ha ido madurando. Por tanto, nadie puede decir cómo debemos hacer dormir a nuestros hijos. Cada mamá, papá o cuidador principal va encontrando junto con su guagüita el ritmo y el estilo del baile. Para eso, hay que estar presente, mirar, oler, probar y jugar.
¡No hay técnicas! Sencillamente no las hay, como tampoco hay técnicas para las relaciones sexuales. Podemos conversar, leer, buscar en internet, pero nadie me puede decir cuál es la mejor manera de tener sexo. La manera la vamos descubriendo juntos. Sin embargo, algunas disciplinas se han encargado de mostrarnos como a la mayoría de los seres humanos nos gusta ser tratados. Con cariño.

Ser mujer (madre o no, trabajadora o no) es -en mi opinión- un constante descubrir de quién soy con el otro. Cómo logro empatizar con lo que mi hijo, pareja, familia, amigas, les pasa. Cómo nos comunicamos desde mi deseo de que el otro se sienta contento. ¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Cómo me relaciono con mis hijos? ¿Quiero satisfacer sus deseos de compañía o no quiero? ¿Qué me queda más cómodo? ¿Qué cedo? ¿Qué no estoy dispuesta a ceder? ¿Por qué? ¿Cuánto me dan ganas de estar con mis niños? ¿Por qué no me dan ganas? ¿Por qué ando apurada? ¿Quién me dijo que tenía que tener muchos títulos y reconocimientos? ¿Me gusta trabajar como trabajo? ¿Me arrepiento de ser madre? ¿Estoy cansada? ¿Me trato bien? ¿Por qué me cuesta perdonar? ¿Por qué esa rabia me vuelve? Uf podría seguir… Pero eso me parece que es lo interesante de que hablemos de crianza, sueño, pataletas, alimentación, crianza en brazos, Estivill, etc. Que podamos descubrir desde nuestras biografías de vida cómo estamos siendo mamás, amigas, compañeras… Y claro es una tarea interminable que requiere estar conscientes de nuestras emociones, deseos, y las tan nombradas luces y sombras, día a día.

criar con amorDa la impresión de que hemos comenzado a hablar de las m(paternidades) en parte, porque estamos angustiados por la falta de amor, cariño, empatía, amparo. Porque algo nos hace ruido cuando anestesiamos los cuerpos (con lo que sea), cuando nos angustia dar, dar y dar. Es que nos han metido en la cabeza que hay que dar hasta que duela y ya nadie quiere más dolor. Nadie quiere sentir culpas, porque sí y porque no. Todos queremos estar la mayor parte del tiempo tranquilos. Propongo escucharnos más, pedir ayuda, descubrir quienes somos, detenernos a escuchar los dolores de nuestro cuerpo, sus mensajes, satisfacer nuestros deseos; así andaremos más contentos. A mí, la verdad, es que si hay 3 ó 6 meses, 2 ó 5 años de lactancia materna, me da lo mismo. Lo que me importa es que seamos conscientes de las decisiones que tomemos y que actuemos desde nuestros propios saberes internos…

Todos tenemos el poder de seguir nuestras intuiciones y deseos ¡Todos! Es sólo que de niños nos retaron, medicaron, nos dijeron que mejor a dormir solitos porque hay que ser independientes. Desde niños nos adiestraron y es más,  incluso la mayoría fuimos al colegio en donde nos decían que además de aguantar el pipí y la risa, debíamos estudiar e interesarnos todos por las mismas cosas. En definitiva, perdimos la conexión con nuestro mundo interno. Luego preguntamos si hago dormir a mi cría así o asá… No lo sé. Encuéntrate, encuéntrense.

yo colechoApuesto mi cabeza que si siguen los deseos del cuerpo sin estar pendientes de los discursos de los demás, del futuro. Si nos quedamos un ratito para ayudar a dormir a nuestro hijo, nos va a gustar. Quizás de eso se trata el amor y por eso andamos tan preocupados de la crianza.

Recordemos que somos las madres que somos, según nuestras luces y sombras y a cada una nos ha brillado de distinta forma. No hay recetas universales, sin embargo, hay ciertas sabidurías ancestrales y podemos aceptar que somos mamíferos humanos muy dependientes de otros mamíferos humanos y de animales también. Somos personas para abrir camino a nuestros hijos, no para adoctrinarlos según los mensajes y deseos de otros. Más seguros seremos, si sabemos lo que nos gusta. Y si para eso necesitamos compañía, me parece perfecto.Todoeduca

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