EL MUNDO QUE NOS TOCA VIVIR.

“Te pido perdón por lo que hizo mi hijo”, le suplicó ella a la salida del tribunal. Él, con los ojos hinchados de tanto llorar por la muerte de su querido Max la miró fijamente y respondió: “No me pidas perdón a mí, pídele perdón a tu hijo, porque tú le fallaste”, fueron las sabias palabras de René, un hombre humilde y trabajador que sin saber cómo, perdió al menor de sus cuatro hijos en manos de un grupo de delincuentes que se ensañó con él a la salida de una fiesta. Sin que el joven intentara siquiera defenderse, le propinaron 7 puñaladas y falleció de manera casi instantánea. Un hecho que remeció no sólo a una familia, sino que a una comunidad completa, porque sencillamente no estamos acostumbrados a estos hechos tan crueles, al menos no en esta parte del planeta.

Max Bahamonde AgüeroY digo sabias palabras, porque la muerte de Max nos deja muchas lecciones. La primera y más importante es que la familia es la principal formadora de las personas, si allí existen fallas, lo más probable es que eso se refleje en nuestros hijos. Son ellos el espejo de nuestros actos. Los delincuentes que asesinaron sin piedad, no recibieron la formación adecuada, ni en una escuela ni en el hogar. “Ni siquiera saben hablar”, se quejó el fiscal que lleva el caso en una entrevista. A ellos, su familia les falló y una sociedad entera les falló, sin que eso justifique lo que hicieron.

En el caso de Max, también hubo fallas, pero desde una perspectiva muy distinta. A él nadie le dijo que existe maldad, que hay personas buenas y otras no tanto. Que es importante y bueno confiar en la gente, pero no en todos, porque seguramente su exceso de confianza lo llevó a dar la espalda a tres delincuentes, sin sospechar que eso le costaría la vida. “El era muy bueno”, aseguró con orgullo su papá en el funeral y seguramente así lo fue, los hechos hablan por sí solos.

Como papás debemos reflexionar sobre lo que ocurre día a día. Es cierto que las noticias rojas, como los asesinatos y violaciones, cansan y a veces molestan, pero no es menos cierto que es el mundo que nos tocó vivir y es el mundo que debemos mostrarles a nuestros hijos. No es bueno alarmar y sobreprotegerlos, negándoles libertades para salir y recrearse, en ningún caso; lo importante es generarles conciencia del mundo que les rodea y que aprendan a vivir en él, tomando los resguardos que correspondan. Un psicólogo me dijo esta semana: “Los padres deben guiar a sus hijos, protegerlos, pero no en exceso. Hay que ponerles límites de vez en cuando, decirles no algunas veces, para que sepan que la vida es compleja, en ciertas oportunidades se puede acceder a sus peticiones, en otras no; sin que eso signifique arrebatos y malos modos”, palabras que me marcaron profundamente, porque  nadie nos enseña a ser padres y siempre hay dudas respecto de si lo hacemos bien o mal. Mi hija es pequeña aún, tengo tiempo para aprender y seguramente en ese camino me voy a equivocar varias veces, pero lo importante es encontrar un equilibrio que nos permita disfrutar la vida junto a nuestros hijos, valorar lo bueno de las personas y disfrutar de lo lindo que es despertar día a día; pero teniendo conciencia que vivir en sociedad también tiene un lado oscuro, un mundo donde el egoísmo y la maldad sacan lo más horrible del ser humano… un mundo que lamentablemente Max descubrió muy tarde.todoeduca (2)

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