“PARA CANSARLOS”

para cansarlos 1Es domingo en la noche, estoy tan cansada. Fue intenso el fin de semana, más todavía cuando hoy, después de otros dos días bien agitados, concretamos el paso pendiente a la nieve. Huevos duros, pollo asado y un mono de nieve con ojos de aceituna y nariz de zanahoria. Cuando subía las casi 36 curvas de Farellones decía yo: “tanta cosa que hace uno por los hijos, más todavía cuando no me encanta manejar”. Era para que Simón conociera la nieve, la “de deveras”. No la de los Dibujos Animados que cae como algodón, sólo en Estados Unidos, y en Navidad.  Nos levantamos temprano, hicimos mochilas, arreglamos el cocaví y partimos.

El día anterior -también temprano- habíamos ido al Parque, a hacer ejercicio. Aprovechando que Simón y la Beatriz jugaban, yo hacía estiramientos, abdominales y cualquier movimiento que permitiera ganar el tiempo perdido en invierno. Concluía que me encanta salir con ellos. Llegaba la noche y se duermen como lirones… y ése es el punto: cuando duermen la casa es como el paraíso! Muchas veces he escuchado a amigas decir que hacen correr, jugar a la pelota, saltar y cuanta cosa a los niños “para cansarlos”

para cansarlos 2Entonces cuando yo apenas me podía los pies, la espalda, los brazos (porque después de tanto ajetreo hay un largo baño y comida preparada por la mamá incluida) me preguntaba con algo de desmotivación que la idea no es hacer nada con ganas de que se cansen, porque doy firmado que los más cansados somos los papás. Pero claro que es indescriptiblemente maravilloso cuando duermen, a las 20 horas (da lo mismo horario de invierno o verano) bañados, comidos y rezados. Y claro que a ratos, desespera cuando “el de 4” te pide la canción para dormir, el cuento de los 3 chanchitos, que les pase con todos los peluches y ¡uy! Justo quiere hacer pipí, cuando vas saliendo de su pieza hacia la libertad. Una vez que la alcanzas, te llevas la bandeja de comida a tu gusto a la pieza, prendes la tele, hojeas el diario o la revista de moda, y “la de 2” comienza con esas quejas que te hacen sentir que la libertad no existe… pasan unos minutos y al fin concilia el sueño, y entonces recuperas la libertad.

La libertad existe – creo yo – cuando disfrutas corriendo, comiendo huevos duros, haciendo monos de nieve o castillos en la arena. Cuando ese disfrute nos deja cansados como niños, entonces puedes y debes llevar tu bandeja a la cama. ES JUSTO Y NECESARIO

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